El Blog de Beatriz Umaña, cuentos para niños

March 10, 2010

En Algún Lugar!

Filed under: Cuentos — cuentosimaginacion @ 10:00 am
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Me llamo Cristina, nombre que hemos tenido por varias generaciones las hijas mayores de mi familia materna. Lo que no sabía era lo que conllevaba tener este apelativo. Desde muy pequeña percibí sensaciones bastante extrañas, que inicialmente no confesé a nadie, pero con el tiempo me sucedían tan frecuentemente que me asustaron de tal forma que pensé que enloquecía lentamente en la medida que éstas se apropiaban de mí.

Pasaré a narrarles algunos de los acontecimientos que me han hecho irme apropiando de ésta cualidad que tengo y que a lo largo de mi vida me acompañará, la cual he ido admitiendo y la verdad; disfrutando en la medida que me es posible. Todo empezó  cuando tenía ocho años , el día de mi primera comunión, mi mamá que estaba muy emocionada y el último mes se había dedicado a todos los preparativos me mostró la foto de mi bisabuela , Cristina, minutos antes de salir a la iglesia; en el retrato se veía una niña con la misma edad mía vestida para su primera comunión con un parecido a mi  ¡¡¡impresionante!!!! Llevaba el mismo vestido, la misma diadema y el mismo estilo de peinado. Cuando la vi sentí  dentro de mí una sensación de desasosiego que me impulsaba a identificar todos los detalles de la foto. Mi asombro fue mayor cuando observé sus manos que sostenían un misal; tenía la misma mancha de nacimiento en su mano derecha que parecía como la mía la silueta de una luna.

Posteriormente, mi mamá, me dijo: Te muestro esta foto, hoy sábado 15 de mayo de 1977 después de 70 años de haber hecho tu bisabuela su primera comunión porque, ella, como tú tienen el mismo don.—¿El mismo don? Le pregunté.—Sí, las dos pueden predecir los desastres naturales. De generación, en generación todas las hijas mayores que llevan tu nombre tienen esta capacidad. La silueta que tienes en tu mano derecha indica que has heredado este tipo de premoniciones.

Me  asusté, pues dada mi corta edad, la sola palabra : Desastres me intimidó.  Mi madre me abrazó conmovida con mi reacción de impacto y me dijo: ___ No te preocupes, que tendremos miles de ocasiones para conversar y comprender ampliamente cada una de las sensaciones que sentirás y descubrirás el significado de ellas. Hoy, día de tu primera comunión le  pedirás a Nuestro Señor que te dé la paz, sabiduría y destreza para conducir tu vida haciendo uso de ésta generosa capacidad.

He de decirles, que todos recordamos el día de nuestra comunión, en forma grata, pero para mí no fue así. No supe cómo interpretar las palabras de mi mamá me produjeron: miedo, curiosidad y estaba segura que tenía conmigo algo que me hacía diferente pero no sabía cómo sería mi vida desde ese particular instante.

Pasaron, los días y con ellos vino la  calma y olvido propios de mi edad. Mi mamá y yo tuvimos la oportunidad de hablar sobre lo que eran los fenómenos naturales. Entendí, que estos se presentaban en forma abrupta y que siempre o en la mayoría de los casos cobraban muchas víctimas.

La  primera vez que supe en realidad  de qué se trataban estos inquietantes  pensamientos fue estando en el colegio el año que siguió a la primera comunión. Estaba en clase de matemáticas y comencé a marearme, la cabeza me daba vueltas como un carrusel y en éste veía todo el tiempo la imagen de la bisabuela que de forma desesperaba me decía que corriera y me trataba de hablar pero su voz se iba en el remolino que representaba el carrusel girando su voz repetitiva como el  eco. Me esforcé por interpretar afinando mi oído pero no lograba comprender su súplica, en varias ocasiones me mostró la silueta que recubría su mano indicándome lo que aún no podía descifrar.

Desperté de este espanto con varios golpes de la profesora sobre mis hombros diciéndome: __ Cristina, ¿ Te encuentras bien? Creo que la miré, sin que mis ojos verdaderamente la evidenciaran y una vez que logré ubicarme en la situación, le conteste que sí, pero en realidad no salía de mi asombro como lo representaban las grandes gotas de sudor gélido sobre mis mejillas. Vinieron a mí de inmediato las palabras de mi madre: Desastres, fenómenos naturales, víctimas, premoniciones, etc ,etc.

Tocaron la campana para el cambio de clase y le dimos comienzo a mi materia preferida, Geografía. Apenas lograba controlarme, sin saber qué hacer. Tuve deseos de llamar a mi mamá por el celular y contarle lo sucedido pero, me quitarían el teléfono por hacer uso de él  durante la clase, entonces decidí concentrarme nuevamente en mis deberes y durante el recreo ubicarla.

El tema que estábamos  tratando era relacionado con los deshielos ocasionados por el calentamiento global. Frente a mi tenía mi libro de texto abierto en una página que tenía la gráfica del hemisferio. No sé en qué momento mi dedo índice se empezó a mover por sí mismo, yo no podía controlarlo de forma alguna, dirigiéndose  a Colombia,  puntualmente a la región del Tolima. Relacioné aquel carrusel y la angustia de mi bisabuela tratando de comunicarme con él  el lugar que ahora se me indicaba.

Ahora empezaba a tener alguna claridad: Colombia, deshielo, Región del Tolima, premoniciones!!!!!!! Dios Santo!!!!   ¿Qué sucedería?    ¿ Cuándo? ¿ Qué podría evitar? Nuevamente estaba en un estado que difícilmente podía controlar, me daban  vueltas miles de imágenes entre ellas, la silueta de la mano, gritos, lamentos, un ruido que salía de las profundidades de la tierra, como si con él se desprendieran rocas de inmenso tamaño, todo acontecía en forma rápida como los flashes de una cámara de fotografiar. Entré en un estado que hoy en día lo denomino: “ El momento de claridad” porque es cuando puedo finalmente comprender el mensaje que se me da. Ahora veía a mi bisabuela, hablándome lenta y pausadamente, advirtiéndome sobre el famoso  desastre de Armero. Sus palabras poco a poco me fueron serenando, tanto que ambicioné poder seguir comunicándome con ella, pero desapareció enviándome con su mano derecha una bendición.

Quiero decirles, que al poco tiempo, exactamente tres días después, fue la famosa catástrofe de Armero en la cual murieron treinta y cuatro mil personas que están bajo el lodo, entre ellas una niña que tenía la misma edad mía llamada Omaira quien salió en todos los periódicos del mundo atrapada en medio del barro sin poder liberarse hasta su  muerte.

 

De esta misma forma a lo largo de mi vida he podido apreciar con anticipación miles de desafortunados hechos, pero sólo en una ocasión han confiado en lo que les he dicho y es precisamente  para el sitio que trabajo que es la National Geographic en los Estados Unidos en el estado de California, más exactamente en San Francisco en donde he podido prevenir la muerte de muchas personas anticipándonos a los hechos.

 

Beatriz Umaña Trujillo

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1 Comment »

  1. Hola Beatriz!!
    Es muy bueno el cuento sin embargo dos cosillas que note, la primera que en 1977 no había celulares y que para la misma época (aunque no estoy segura) no se trataban eventos causados por el calentamiento global. ;)

    Un saludo

    Comment by Lucía Morales — March 13, 2010 @ 2:11 am | Reply


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